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Cristóbal Navarro

La última joya de la corona (SGR) PERRO NO COME PERRO

La perversion del sistema de protección al desempleo en España

Escrito por el 01-02-2012

El cobro ó la paga del paro ha llevado al engaño a muchos trabajadores al pensar que debían agotar el período de desempleo y que, mientras, acabaría la crisis, teniendo entonces la posibilidad de encontrar un nuevo trabajo acorde con sus pretensiones.  Lamentablemente, el tiempo ya ha pasado, las prestaciones se han agotado, y también los recursos del estado.


Nuestro actual sistema de desempleo se convierte en una autentica perversión del propio sistema, valga la redundancia, y por varios motivos, pero, sobre todo, por el concepto del Derecho Universal a cobrar la prestación indistintamente de la situación económica del desempleado, de tal forma que, sea la persona que sea, aún con ingresos millonarios y por cualquier otro concepto (arrendamientos, rentas del capital, etc.) tendría compatibilidad para cobrar la prestación, ¡menudo fiasco!


Esta situación se ha querido ver y argumentar desde la perspectiva de que el trabajador cotiza para cobrar su seguro de desempleo; lo que le lleva a pensar que, incluso cuando han pasado algunos años y no ha cobrado la prestación, pudiera estar perdiendo su derecho, animando a los que tienen posibilidad de subterfugios a simular la situación de desempleo y cobrar así dicha asistencia, contribuyendo a tener un coste insostenible.  


Pero esto no es todo, incluso dejando de lado las situaciones fraudulentas, la perversión del sistema se vuelve a repetir debido a que el trabajador no tiene ningún aliciente por abandonar el cobro de la prestación, más bien vive con la “amenaza” de que cualquier ocupación que le consigan o propongan dará al traste con el cobro de lo que han denominado “su derecho”.  Así, la gran mayoría de empresarios han tenido la oportunidad de ver cómo ofrecían un trabajo a desempleados y que estos, simplemente, lo rechazaban porque lo que cobraban del paro era una cantidad superior o similar a la que iban a percibir, lo que significa trabajar prácticamente a cambio de nada.


Un hecho que ha llevado al engaño a muchos trabajadores al pensar que debían agotar el período de desempleo y que, mientras, acabaría la crisis, teniendo entonces la posibilidad de encontrar un nuevo trabajo acorde con sus pretensiones.  Pero, lamentablemente, el tiempo ya ha pasado, las prestaciones se han agotado, y también los recursos del estado. Los propios afectados por esta situación se han autolimitado sus posibilidades apartándose del mercado laboral y, ahora, la tragedia económica en la que se encuentra envuelta nuestra economía, impide que se puedan absorber los puestos de trabajo necesarios para terminar con esta crisis.


En mi opinión, en primer lugar, hay que erradicar de inmediato el concepto de que la cotización que cada trabajador realiza es para cobrar “su paro” para que, de esta forma, el derecho a desempleo lo puedan cobrar las personas que justifiquen que sus otros ingresos no le permiten tener una renta similar o superior a la que obtiene con la percepción de la prestación. Una cosa es que el sistema proteja la situación de desempleo por la precariedad económica que se le supone al trabajador y otra, muy distinta, que se permita cobrar a personas que tienen abundantes ingresos por otros conceptos y que realmente no lo necesitan.


En segundo lugar, hay que compatibilizar el cobro de la prestación con otras actividades; es decir, si un desempleado emprende una actividad empresarial, hay que protegerle de forma especial, permitiéndole que pueda cobrar la prestación al mismo tiempo que desempeña la nueva actividad, siempre hasta que se alcanza el umbral de equiparar los ingresos que mencionaba anteriormente.


Hemos de tener en cuenta que, en los primeros meses, un emprendedor no tiene la posibilidad de recoger el fruto de su esfuerzo y será necesario que luche durante quizá uno o dos años, para poder estabilizar sus ingresos. De este modo la percepción del subsidio de desempleo le daría la seguridad que necesita para poder mantener sus obligaciones y no tendría que mantenerse hasta agotar el desempleo por el miedo a perder la prestación. Si alguien está pensando en el derecho existente a la capitalización de la prestación, le diré que la experiencia de muchos años me permite calificar este formato como la mayor de las perversiones, aún peor que las anteriores, porque se le obliga al emprendedor a alterar su propio proyecto, diseñado por alguien que no ha visto una empresa ni de lejos y menos en su nacimiento.


Es por ello que nos encontramos situaciones como ésta: se pretende exigir al incipiente empresario que ponga de su bolsillo la totalidad del dinero de la prestación, antes de cobrarla. ¡Para morirse de la vergüenza!  Si todavía no la han cobrado. Sólo lo recibirán una vez que han hecho toda la inversión que necesita el plan de viabilidad presentado y se demuestra que la empresa está en marcha.  Entonces y solo entonces, nace el derecho a la capitalización en su modalidad de pago único. Además, si ya está el dinero invertido y la empresa en marcha, ¡para qué hace falta la capitalización!


Es evidente que algún homínido sin evolucionar (ó asesor de pacotilla de esos que han sobrado a cientos) fue capaz de pretender que esta posibilidad del sistema permanezca años en el mercado como un incentivo a la creación de empresas y que no se preste de forma casi total al fraude. De nuevo, en mi modesta opinión, el derecho a la prestación por desempleo debe convertirse en una ayuda a la subsistencia; pero también, en un vehículo de salida de la situación, incentivando al trabajador a su vuelta al mercado laboral o quizá a que emprenda una actividad empresarial que, incluso, permita la creación de otros puestos de trabajo.  Pero, en ningún caso, debe constituir una trampa  o un refugio donde la sensación es que solamente el inmovilismo permite no perder el derecho al cobro.


Además, hay que someter a estudio los siguientes números de nuestra maltrecha economía: un trabajador que perdiera su empleo y tuviera una base de cotización de 2.000 € mensuales, tiene un coste mensual aproximado para el INEM en cotización a la seguridad social del trabajador de 600 €; asimismo, la prestación tendría un coste aproximado de unos 1.200 € mensuales, lo que hace un total de 1.800 €/mes.  Se podría valorar que un emprendedor, de alta en autónomos, empieza por ahorrar los 600 € de su cotización, además de contribuir con otros casi 300 € mensualmente, lo que suma entre el menor gasto y el ingreso un total de 900 €, y que ha rebajado el coste anterior de 1.800 € a la mitad.  ¿A quien le parece mal la idea de que ese emprendedor pueda seguir percibiendo la parte de la prestación que necesita para cubrir sus gastos mínimos, siempre con el control y las justificaciones debidas? De ese modo, tendríamos un contribuyente más, otro recaudador de impuestos, que con sus IVAs, IRPF, etc, incluso con la contratación de otras personas a su cargo,  podrá contribuir a la recuperación económica que tanto necesita nuestra sociedad para no sucumbir en la desesperación.


Pero, aún hay más. Nuestro sistema no puede permitirse que existan personas percibiendo prestaciones por desempleo o ayudas por situaciones económicas precarias, a cambio de absolutamente nada, sin demostrar siquiera que tienen intención de trabajar. Es necesario que la formación para los desempleados ocupe buena parte del día y que la otra parte se acredite ineludiblemente en la búsqueda incesante y activa de la ocupación por cuenta ajena o propia.   Todo esto sin descartar que determinadas labores sociales podrían ser acometidas por estas personas de forma que tengan una ocupación y se evite además que la situación de inmovilismo laboral y legal al que me refería antes, pueda estar alentando a una parte considerable de los perceptores al trabajo fraudulento como medida de complemento de sus ingresos.


Es imprescindible que este asunto sea abordado en el marco de una reforma laboral de gran calado que, ahora, se muestra completamente imprescindible. Al parecer los intereses electorales (y la proximidad de las elecciones andaluzas), están poniendo freno a la obligación que el actual gobierno tiene de legislar con contundencia, como les han ordenado las urnas dándoles un respaldo mayoritario que deben ejercer de inmediato para comenzar a dibujar las vías de salida de los actuales problemas económicos y también sociales.  


Cristóbal Navarro   30-01-12

Esta entrada pertenece a General y fue publicada el 01-02-2012 a las 00:00:0.

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Hay 1 comentario

  • Joaquín Gómez
  • el 02-02-2012 a las 10:20:2

Comparto la gran mayoría de tus argumentos. Tenemos un serio problema de actitud. Desde hace tiempo estoy intentando transmitir a mis compañeros, que vivimos una situación muy distinta a la de hace unos años y que deben estar preparados para hacer las cosas de otra manera. Lo mismo pasa con nuestro mercado laboral, algunos todavía no se han dado cuenta, que lo que antes funcionaba ahora no, el cambio es como de la noche al día por ello requiere una respuesta igual de contundente. Con pequeños retoques no hacemos nada, lo suyo sería dinamitar lo que tenemos y crear desde el inicio acorde a la nueva situación, sin complejos y con seriedad. Eso solo se obtiene con sacrificio, por ambas partes. Una de mis preguntas a mis compañeros fué, ¿Que estás dispuesto a sacrificar?, en la respuesta tenemos la solución.

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